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NATALIE WOOD El pasado 29 de Noviembre
se cumplió el vigésimo centenario de su trágico y misterioso
fallecimiento a la temprana edad de 43 años y cuando se disponía,
una vez más, a revivir su carrera, algo que había hecho con
enorme éxito en varias ocasiones a lo largo de cuatro décadas
de una gloriosa historia de amor con las cámaras cinematográficas
que recogieron, ya desde su debut a los 4 años de edad y hasta
su última película, casi 40 años más tarde, la mejor
cualidad de sus interpretaciones: La pasión que supo imprimir a
todos sus personajes y que era algo visceral y espontáneo, sin
técnica interpretativa alguna. Algo que incluso en los
personajes más desafortunados de su dilatada carrera, le permitía
romper la barrera entre la pantalla y el público para
comunicarse con éste como sólo las más carismáticas y
privilegiadas "estrellas" lo pueden conseguir, creando
el mimetismo y la personal identificación con la entregada
audiencia.
"La novia lleva botas" fue su
siguiente película, pero seria "Milagro en la calle
34", en 1947, la que la convertiría en una celebridad
mundial y en la "niña de oro" de Hollywood. La película
de George Saetón, junto a Maureen O'Hara, John Payne y Edmund
Gwen, se convertiría en un clásico navideño y como tal se
mantiene casi seis décadas más tarde. Presionada
constantemente por su madre, que se ganaría bien a pulso el
miedo de la pequeña, la infancia de Natalia Wood transcurriría
constantemente frente a las cámaras que eran su único ambiente
familiar ya que el hogar de los Gurdin carecía de calor alguno....y
Natalie apenas tenia tiempo de pasar algunas horas en él
durmiendo siempre mientras sus padres se peleaban. Rodando película
tras película (hasta cuatro filmó en 1950, el año más activo
de toda su carrera), Natalie reflejó hasta la saciedad a la niña
perfecta y se convirtió en una consumada actriz capaz de
mostrar sus más íntimas emociones ante la cámara en el
momento que los directores así lo solicitaban. En una ocasión,
la pequeña tenía dificultades rodando una escena en la que tenía
que llorar. El director empezaba a impacientarse y Maria, (según
le ha contado Robert Refdford a Suzanne Finstad) se la llevó
afuera del estudio volviendo a los pocos minutos con Natalie
desbordada en llanto. "Ahora está lista para la escena",
dijo Maria a modo de explicación. En la breve ausencia Maria
habia "motivado" a la pequeña arrancando las alas a
una mariposa ante los amedrentados ojos de la niña. |
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