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"Fiebre
del sábado noche"
El año
es 1975 y es uno más en una década que amenaza con pasar a la
historia como la más anodina en el mundo de la música y una de
las menos creativas en todos los aspectos. Los movimientos
rebeldes de los 60 han sucumbido al paso del tiempo y el
movimiento "hippie" es ya solo un recuerdo. El
prestigioso "The New Yorker" publica un reportaje de
trece páginas titulado "Ritos Tribales del Sábado Noche"
en el que se descubre un submundo "underground" que
parece estar ganando adeptos entre los miembros más
desarraigados de la sociedad.
Primero los gays, luego los negros y últimamente los elementos
más marginados de la juventud norteamericana buscan el destape
de sus frustraciones en los clubes de "disco-dancing"
que empiezan a aparecer en distintos barrios de Nueva York.
El autor del reportaje centra su historia en la peripecia de un
ítaloamericano llamado Tony Manero que aspira a "cruzar el
puente" (el que separa Brooklyn de Manhattan) algún día.
Para lograrlo Tony, dependiente a sueldo base y con empleo
inestable en los duros tiempos de la recesión americana, cuenta
con llevar al límite su pasión por el baile disco. A diario
toma lecciones y se prepara a fondo para el ritual del sábado
noche cuando el dependiente de droguería hortera y chulesco se
viste con su uniforme de "guerra" (camisas ajustadas
de seda y traje de poliéster blanco de tres piezas) y se
convierte en la "estrella" de la discoteca. A nadie le
interesa Tony Manero durante la semana. Las chicas ni le miran.
Pero el sábado noche es diferente: Todos son amigos de Tony,
las chicas le acosan y su pandilla le sigue con dócil sumisión.
Toda una metamorfosis y un contraste en entre los dos mundos de
Tony Manero, un personajillo con pocas o ninguna cualidad
redentora y excepcionalmente representativo de una juventud
marginada y sin identidad propia...
Ese mismo año, un joven actor de 21 años también de origen
italiano, hace su debut como co-protagonista de una serie de
televisión que inmediatamente obtiene una enorme popularidad.
Se llama John Travolta y la serie se titula "Welcome Back,
Kotter". En la serie Travolta hace de líder de un grupo de
estudiantes universitarios muy poco brillantes (y su personaje,
"Vinnie Barbarino", es uno de los más torpes) y con
la instantaneidad que caracteriza a la televisión, su nombre,
tanto el del personaje como el del actor, se hacen famosos en
Estados Unidos de la noche a la mañana. Travolta no es un guapo
al uso pero su atractivo es evidente y es evidente que va a ser
el nuevo ídolo de las "teen-agers" americanas.
Capitalizando en la súbita fama, John graba un álbum con una
docena de baladas titulado "Can't Let Go" y su éxito
hace que pueda grabar otro casi inmediatamente, esta vez bajo el
simple título "John Travolta". El prestigioso
"Billboard", especie de Biblia de la música, le
concede un premio como "Mejor vocalista masculino",
como consecuencia. Travolta es un valor en alza, es evidente y
su nombre circula en Hollywood asociado con todo tipo de
proyectos tanto en el mundo de la televisión, donde ya es una
"estrella", como en los de la música y el cine.
Su agente ha leído el reportaje del "The New Yorker"
y le comenta que si alguna vez alguien lleva esa historia al
cine, él seria un intérprete ideal para el personaje de Tony
Manero. Travolta está de acuerdo y le pide que investigue si
tal proyecto existe... Muy pronto descubren que no sólo existe
sino que al menos media docena de productores se han interesado
por los derechos de la historia pero estos han sido adquiridos,
por 60.000 dólares, por un australiano llamado Robert Stigwood,
empresario teatral y manager de grupos musicales, el más
conocido de los cuales son los "Bee Gees". Stigwood
tiene una idea un tanto peculiar de lo que quiere hacer con el
proyecto: No será exactamente un musical tradicional pero,
evidentemente, la música, por la propia naturaleza de la
historia, tendrá una relevancia indudable. Es algo nuevo, que
nunca se ha hecho y el proyecto dista mucho de despertar
entusiasmos. Stigwood finalmente obtiene la luz verde por parte
de la Paramount bajo la premisa de que será un producto de bajo
presupuesto, a cambio de lo cual Stigwood mantiene total control
sobre el producto final.
(sigue)
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